Tierra desacostumbrada by Jhumpa Lahiri

Tierra desacostumbrada by Jhumpa Lahiri

Author:Jhumpa Lahiri
Language: es
Format: mobi
Published: 2011-01-13T23:00:00+00:00


* * *

No durmió en toda la noche, Roger rígido como una tabla a su lado. Se habían acostado con hambre, los tres filetes metidos en el congelador. Rahul no había despertado. Ella era consciente de que su marido tenía razón, de que, si hubiera sido un hermano de él, ella habría actuado igual. Pensó en cómo sus padres, que antes creían que sus hijos estaban destinados al éxito, no habían sabido reaccionar ante el fracaso de uno de ellos. Tras todo lo que les había hecho pasar Rahul no habían renunciado a él, no lo habían expulsado de su casa. Eran incapaces de cerrarle sus puertas. Pero Roger sí era capaz, y Sudha cayó en la cuenta, conforme pasaba la noche en vela, de que ella también lo era.

Descabezó un sueño al alba y despertó una hora después al oír la ducha. Estuvo abierta un buen rato. Se puso nerviosa y se planteó llamar a la puerta, pero luego oyó que se abría, y minutos después, pasos mullidos escaleras abajo.

—Tenía intención de limpiar la trona —le dijo Rahul cuando ella fue a la cocina. Llevaba puesto un albornoz de Roger y tenía los ojos entornados, como si aquel espacio subterráneo estuviera inundado de luz. Su voz era ronca, los efectos del alcohol evidentes en la manera cuidadosa y al mismo tiempo torpe en que se movía. Había puesto agua a hervir, encendido el gas y echado una medida de café en el recipiente de vidrio—. Lo lamento.

—Creía que estabas mejor.

Él la miró de soslayo, sólo un instante. A ella le dio la impresión de que era un idiota, torpe y lento.

—¿Qué demonios ocurrió, Rahul?

No contestó.

—¿Es por mí? —preguntó ella, pues lo había pensado durante las largas horas en vela: se había preguntado si verla le había recordado el pasado, aquellas noches que desafiaban juntos a sus padres, sirviéndose cerveza en tazas con hielo y forjando un vínculo secreto.

El hervidor de agua emitió un silbido agudo. Ella apagó el fuego y vertió agua en la cafetera.

—Tienes que irte al aeropuerto —le dijo.

—Mi vuelo no sale hasta esta tarde.

—Ahora, Rahul. Tienes que irte ahora. Dejaste a Neel en la bañera. —Su voz sonó trémula y al mismo tiempo más alta, invadida de nuevo por la espeluznante imagen.

—Ah, ¿sí?

—Sí, Rahul —asintió, con nuevas lágrimas resbalándole por la cara—. Te desvaneciste y dejaste a nuestro bebé solo en una bañera. Podrías haberlo matado, ¿lo entiendes?

Él le dio la espalda. Apretó la cabeza contra un armario, meneándola lentamente mientras maldecía entre dientes. Todavía sin mirarla, dijo:

—Pero está bien, ¿verdad, Didi? He echado un vistazo en su habitación esta mañana y estaba dormido en su cuna como si nada.

—Tienes que irte ahora. —Sus palabras salieron casi en un suspiro. Era consciente de sonar como un disco rayado. La furia había hervido en su interior toda la noche; esa nube de tormenta había desatado su lluvia, y ahora estaba simplemente cansada.

—No probaba ni gota desde hacía meses —dijo—. No sé qué pasó. Tomé un sorbito y...

—Calla —dijo ella, y él obedeció—.



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